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¿Que beneficios obtenemos consumiendo productos ecológicos de forma continuada?

Alimentos de proximidad y consumidos en temporada

son la clave para un modelo ambiental sostenible.


Según el modelo de comercio y distribución de estos alimentos ecológicos, este efecto medioambiental puede ser más o menos grande, y según el modelo productivo y comercial seguido, y también su efecto social. 

 

En relación a los efectos medioambientales que se consiguen consumiendo alimentos ecológicos, podemos decir que es en este campo donde hay más evidencia científica de las ventajas de la producción ecológica sobre otros métodos agrarios más industriales e intensivos. La producción ecológica es más respetuosa con el entorno, ayuda a la mitigación de los efectos del cambio climático, evita la erosión y pérdida de los suelos agrícolas y mantiene unos niveles de biodiversidad más elevados que ayudan a luchar contra plagas y enfermedades de los cultivos. Pero sobretodo a largo plazo obtenemos grandes resultados que la agricultura convencional no consigue. 

 

Estos efectos positivos también se ven en las producciones ganaderas, que se realizan en granjas con tierras asociadas, tanto para producir alimentos como para evitar problemas de contaminación debido a los estiércoles producidos. Las normas de ganadería ecológica también proporcionan unas condiciones de vida más dignas a los animales que hoy en dia levanta muchos debates.

 

El tipo de comercialización y distribución de los alimentos ecológicos también conllevan unos efectos muy significativos sobre los beneficios finales que puede generar su consumo y que hay que tener en cuenta. En este terreno, cuanto menor sea la huella ecológica de los productos que compramos, más beneficios ambientales conseguiremos con su consumo. Alimentos de proximidad y consumidos en temporada son la mejor estrategia desde el punto de vista ambiental y también pensando en su calidad organoléptica, ya que se pueden cosechar más maduros y nos llegan en el mejor estado posible. Igualmente, si hablamos de productos elaborados, como menos transformación y menos ingredientes exóticos, mejor por su calidad e impacto final.

 

A rasgos generales, el consumo de productos ecológicos puede reducir el riesgo de enfermedades alérgicas y también la obesidad y el sobrepeso, pero hay que aclarar que las evidencias científicas en este terreno no son tan conclusivas, por varios motivos. En primer lugar, porque los consumidores de productos ecológicos tienden a seguir un estilo de vida más saludable, pero también porque el nivel de investigación en este campo es escaso, especialmente en cuanto a estudios a largo plazo orientados a identificar vínculos entre el consumo de alimentos ecológicos y la salud, estudios que conllevan unos costes muy elevados.

 

 

Así pues, los pocos estudios clínicos que hay disponibles se basan generalmente en un número reducido de personas y suelen tener una duración corta, lo que limita la fuerza de sus conclusiones y la posibilidad de identificar efectos a largo plazo.

Mientras las diferencias en la composición de los alimentos ecológicos frente a los convencionales, estas son limitadas, hasta donde sabemos. Podemos afirmar que frutas y verduras ecológicas tienen contenidos más elevados de determinados compuestos con propiedades beneficiosas para la salud (como por ejemplo polifenoles, carotenoides y antioxidantes). En relación a los cereales ecológicos, estos tienen unos niveles más bajos de cadmio, un metal tóxico que provoca afecciones renales, alteraciones óseas y del aparato reproductor. Leche, carnes y derivados de producción ecológica, por su parte, presentan unos contenidos más elevados de ácidos grasos beneficiosos, tipo omega 3. Todas estas diferencias, sin embargo, no comportan una significación nutricional muy relevante.

 

Mucho más relevante es la no presencia, o menor incidencia y más bajos niveles, de residuos de sustancias potencialmente perjudiciales, tales como antibióticos, pesticidas, herbicidas, aditivos alimentarios y otros productos no permitidos en producción ecológica, como los transgénicos. En este campo hay poca discusión, las analíticas de control de los alimentos muestran claramente la menor incidencia de residuos en los alimentos ecológicos, tanto en número de sustancias detectadas como en los niveles de residuos presentes. Esta reducción en dietas basadas en alimentos ecológicos conlleva una exposición a la toxicidad derivada de los residuos al menos 75 veces menor.

 

Los períodos más vulnerables a una exposición a sustancias neurotóxicas o disruptores endocrinos son durante la vida fetal y la primera infancia, aseguran los pediatras.

 

El efecto de esta no presencia o reducción es muy importante para la salud, especialmente si hablamos de los efectos a largo plazo y en relación a enfermedades crónicas.

Los períodos más vulnerables a una exposición a sustancias neurotóxicas o disruptores endocrinos son durante la vida fetal y la primera infancia. Incluso pequeñas exposiciones durante las primeras semanas de embarazo pueden causar efectos a largo plazo en el crecimiento de los niños, sus funciones cerebrales y su desarrollo sexual.

 

Los beneficios indudables sobre la salud del consumo de fruta y verdura, al igual que el de otros alimentos, se pueden ver comprometidos por el efecto adverso de la presencia de estos residuos no deseados. Una dieta ecológica va asociada a reducciones significativas en orina de muchos pesticidas y productos derivados, tanto en niños como en adultos. Así pues, sólo el consumo de productos ecológicos puede garantizar actualmente la minimización de estos problemas y, al mismo tiempo, significar una apuesta por productos más beneficiosos ambiental y socialmente.

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